He invocado a Dios en muchas ocasiones sin tener respuesta a mis lamentos. Para variar, mi jefe supone que alimento mis tripas con migajas de aire y me lleno la boca con la sal emanada de las envidias y mezquindades que a diario les soporto a mis compañeros laborales. Un día de estos las cosas cambiarán, la rueda de la fortuna girará hacia mi para ponerme en lo alto del balancín, dejando que mi peso los aplaste tanto como ellos han sofocado mi ego.
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