lunes, 1 de octubre de 2012

20 mil maneras de enloquecer

Susana sabía que le iba a llamar, ¿pero eso es saber o esperar?. Se colocó junto al teléfono esperando que sonara. Inmóvil. Sin chiste. Simple, colgando, allá, impávido. Toda su suerte, todo su porvenir estaba en ese aparato. Los niños del futuro aguardaban el instante en que diera el primer paso. Verdes praderas, campos dorados, mares azules, toda la esperanza pasaba a su mente con el correr de los segundos. Las horas fueron acumulándose sobre el estante polvoriendo. Susana aguardó con sus mejores ropas la llegada del campaneo amoroso.
Tin, tin. ¿Bueno? No acá no vive, está equivocado. ¿Diga? No, no quiero un seguro de vida, gracias. ¿Diego, eres tú? ¡Ah, tía Micaela! La fiesta, seguro, allá estaré.
Susana esperó, siempre de pie, como estatua, atestiguando el hondo punzar de las decepciones.



Erika López Rodríguez.
Escritora.
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