Templanza
Antonio se quedó mirando la televisión. Su padre entró molesto al cuarto con los vituperios en la punta de la lengua. La madre salió de la recámara con las boletas del gasto familiar, la luz aumentó 300 pesos. El padre mandó la cara de la mujer contra la pared. Antonio siguió viendo sus caricaturas con la respiración entrecortada.
Prudencia
Juan sabía el chisme. Ana Paola se revolcó con Ernesto durante el fin de semana, eso iba a comprometer su situación como profesores de una escuela católica. Llegó ante la Madre Superiora para comentar la situación académica de dos alumnos sorprendidos en la clase con revistas pornográficas. “¿Está todo bien?”, le preguntó la monja. Si decía la relación que tenían sus compañeros de trabajo podría conseguir que los despidan y quedarse con más horas de trabajo. El rostro afligido de Cristo le ordenó desde la pared que hiciera lo correcto.
Sabiduría
No siempre se gana en la vida, a veces para salir adelante tienes que retroceder dos pasos y esperar que la escalera regrese a tu peldaño. Esta vez le aumentaron el cargo, pero pronto se pondrá déspota y prepotente. Su ineptitud para el cargo lo llevará a pedirte favores. Pero ya lo sabes, las cosas saben mejor con pan, y los consejos siempre tienen un precio.
Terror
Miré atrás de mí y no había nadie. La respiración de la bestia seguía empujando mis cabellos hacia el frente. Mientras escribía en la computadora la puerta de la sala se abría y cerraba al unísono con el viento. Todas las casas lucían ennegrecidas por la tormenta que cubría con sus nubarrones mi vecindario. Un gato negro maullaba dentro de mi cubo interior. No podía dejar de escribir; el informe lo tenía que entregar mañana a primera hora. Pero esto lo provocaba la bestia, tenía que ser ella, pues de lo contrario no puedo explicar que el crucifijo que encabeza mi cama esté dando vueltas.
Revancha
Comenzó la semana con un manotazo en la cara. Rápidamente enjugó los ojos para que nadie le viera sollozar con el rostro entre los brazos. Le dijo que pronto se las vería de nuevo y la otra mano cruzó la mejilla que estaba intacta. Ahora las lágrimas se mantuvieron estáticas, no queriendo bajar hasta las rodillas. Un pájaro levantó el vuelo sobre sus cabezas. El mayor no puso atención a lo que sucedía en los aires. Atrás suyo se erigían las plegarias al Cielo rogando que un rayo le cayera encima. Más aves se lanzaron en desbandada hacia el Sur. Maldición, exclamó. Dios quiso que los ruegos del niño fueran escuchados. La cara del grande quedó bañada de mierda.
Justicia
Llegó como vienen las horas. Una mirada socarrona le recorría de pies a cabeza. Los dedos juraron encontrarse hasta que se entrelazaron ansiosamente. Un torrente de risas corrió en las paredes dejando que su eco retumbara en sus oídos. Entre las manos giraban las cuentas del denario al compás de varias Aves Marías. Las otras mujeres que estaban con ella espetaron palabras denigrantes como pinche india zarrapastrosa, arribista, gata, huira, mestiza ignorante, entre otros calificativos para demostrar lo modesto de su condición social. No pudo ocultar los pies desnudos que bajo las tiras del zapato se iban rascando el sudor. Un poco de tierra bajo las uñas propició que su boca se llenara de saliva. Sin moderar sus comportamientos, con los dientes fue sacando la podredumbre hasta que en menos de 15 segundos terminó el ancestral manicure. El juez dio la razón a las aristócratas, no era posible que esas finas damas hubieran explotado a tan taimada señora. Con el rebozo en los hombros y la mirada cabizbaja salió del juzgado. Un par de personas contribuyeron para juntar el dinero del camión de regreso. Más tarde ese día, el marido de una de ellas cayó víctima de la policía; su negocio sucio fue descubierto. Cuando el gobierno le congeló las cuentas bancarias nadie se le acercó a darle dinero para pagar a los abogados.
Victoria
Agarró sus cosas del buró. Las peinetas doradas caminaron libremente en la bolsa de mano. Afuera dejó las pastillas anticonceptivas, los condones, las tarjetas telefónicas, los cigarros y las revistas para caballeros. Bajo el codo estaban los números de agentes de ventas que le ofrecían trabajo, la tarjeta del IFE, un par de pastillas para el mareo, otras para contrarrestar los efectos del dolor de cabeza, las que prescribió el doctor de Farmacias Similares para los flujos gástricos, colitis, y otras itis. Los tacones siguieron su andar durante un par de horas hasta que se detuvieron en el ferry. Apenas subieron al barco notaron que los años en los que vivieron corriendo detrás suyo estaban muy lejanos, tanto, que ni las olas podían ya traer de vuelta el pasado. Sobre la cama decía la nota “No me busques. Ana”. Los puños volvieron a estamparse una vez más en cuerpo sólido, pero ahora era en la pared.
Erika López Rodríguez.
Escritora.
Todos los derechos reservados.
Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso de la autora en cualquier medio fotomecánico y de red, ya sea dentro de México o fuera de dicho país.
Para comentarios o aclaraciones favor de referirse al correo electrónico erinlorod@yahoo.com. Su opinión es muy importante.
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