Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal, en un trigal tragaban trigo tres tristes tigres.
Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal, en un trigal tragaban trigo tres tristes tigres. De los tigres, el mayor pensó que sus hermanos y él no debían seguir siendo esclavos de la dictadura de la mancha. Le pareció que las rayas en el cuerpo apresaban su naturaleza salvaje. Pensó que únicamente podían escapar de su destino si eliminaran los barrotes negros que oprimían su anaranjado pelaje. Enardecido se dirigió a sus hermanos lanzando garras al aire, rugiendo noche y día mientras alborotaba la quietud de la selva. Fue hasta que sus hermanos le comprendieron, cuando los tres tristes tigres se lanzaron al río para emanciparse de las líneas.
Semanas se sucedieron sin excepción, sin novedad. El procedimiento era el mismo, uno entraba al agua detrás del otro, como ritual sagrado. Mientras se salpicaban mutuamente, iban observando si se desprendía el delineado irregular sobre su cuerpo. Como no tuvieron la respuesta deseada, el líder del movimiento encaminó a los camaradas al pueblo contiguo donde un grupo de salvajes los acorralaron.
Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal, en un trigal tragaban trigo tres tristes tigres. De los tigres el segundo creyó que era igual a sus hermanos y que nada le diferenciaba de ellos. A veces cuando iba al río con los demás, en el agua miraba los reflejos de todos y confundía el suyo. Así, sin más, sin identidad, una vulgar imitación de todos, el tigre pensó que tenía que destacar, por ello se hizo artista.
El tigre artista convenció a sus hermanos de hacer un acto mortal con ellos. Dos brincarían de un tronco a otro mientras uno de ellos estaba acostado debajo, justo en medio de la hazaña. Los animales de la selva estaban sorprendidos por el espectáculo. Luego intentaron hacer lo mismo aprovechando las ramas encendidas que dejaban los rayos con las lluvias. Eran éxitos rotundos. Generaciones de camadas iban desde tierras lejanas para ver a los hermanos artistas, y de ellos, el tigre que quiso ser actor descubrió que tenía talento para ser empresario selvático de la cultura y divertimento. Un día engatusó a sus hermanos para ir al pueblo vecino donde un grupo de niños tribales, aprendices de cazador, los acorralaron.
Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal, en un trigal tragaban trigo tres tristes tigres. De los tres, el menor, el que nació quince minutos después de sus hermanos, pensó que la vida tenía que tener un sentido, no se explicaba que tanta naturaleza estuviera por azar, creyó que algo o alguien la hizo y por un buen motivo. Preocupado, buscó por toda la selva al artesano de la naturaleza, pero las aves, los reptiles, los insectos, las cebras, los chacales, ninguno le supo dar razón sobre quién pudo haber hecho el cielo azul, los riachuelos, la lluvia, las plantas y flores.
El tigre decidió que era momento de saber la verdad, con muchos esfuerzos convenció a sus hermanos para que lo acompañaran al pueblo vecino, una pequeña comunidad donde vivían los seres humanos. Los hermanos le dijeron que estaba loco, en vano le advirtieron que no vaya porque los hombres son destructores, no saben hacer uso medido de lo que la vida les ofrece, su ambición es un gran mal que les distingue de ellos, a los que llaman como las “bestias”. En nombre de la razón y del progreso, le dijeron, las tribus tumban árboles y construyen casas y chozas que no merecen porque no saben respetar el espacio vital de los demás. En repetidas ocasiones le dijeron que ellos matan animales por placer, por “deporte”, no son acomedidos con lo que se les da, no comen sólo lo que necesitan, mas viendo que ninguno de sus argumentos conseguían desmotivarle, optaron por darle por su lado. Al llegar a la aldea un grupo de negros con lanzas de picos afilados, narices perforadas, cabellos parados sin trenzar y taparrabos en la entrepierna, los acorralaron.
Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal, en un trigal tragaban trigo tres tristes tigres. De los tigres el mayor le hacía “piojito” a la mamá tigre, el segundo le mordisqueaba la oreja y el más chico jugaba con la cola de la progenitora. Su madre los mimaba, los conservaba resguardados en el granero de la tribu hasta que los negros la mataron frente a sus críos atravesándole la lanza cuando menos lo esperaba. “Llegó la hora de hacer justicia, uníos tigres” dijo el mayor mientras sus hermanos se lanzaron contra los hombres en son de lucha, batiendo sus cuerpos contra los hambrientos homo sapiens que al verlos sólo pensaron en la cena. Ganar o morir, quitarse o no las manchas ya no importaba, el momento de la justicia había llegado.
Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal, en un trigal tragaban trigo tres tristes tigres. De los tigres el mayor le decía a su madre que era la tigresa más linda que había visto, el menor le coqueteaba abriéndole sus ojos muy redondos y entornando el hocico hasta formar una “o”, pero mamá tigre sólo contemplaba a su segundo hijo porque era el que tenía en el centro de los ojos una mancha en forma de bolita, como la que tenía la abuela tigre. Frente a los humanos, el tigre artista se acordó que desde su nacimiento era el “distinto”, el “especial” de mamá. Colérico, se volvió hacia sus hermanos y dio un fuerte rugido en señal de lucha, especialmente contra el que traía un taparrabo hecho con la piel naranja y negra de la madre. No importaba tener el mejor acto, tampoco si un circo los contrataba, era el momento de desollar a los desgraciados que mataron a quien más amaba en el mundo.
Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal, en un trigal tragaban trigo tres tristes tigres. Cuando nació el tigre menor, mamá tigresa estuvo a punto de morir, era su primera camada. El tigrillo menor recordó a su madre haciendo una oración en señal de agradecimiento al Todopoderoso por permitirle sobrevivir a su doloroso parto. Y como si nada hubiera pasado, como si no le hubiera dolido, lamió la placenta de su hijo menor con más cuidado que como hizo con los demás. Después de recordar su nacimiento, el tigre religioso vio cómo los negros levantaban sus picos, gritaban alborotados por el hambre y la sangre. Notó que sus hermanos también estaban dispuestos a jugárselas con todo por la memoria de la madre ultrajada, y consternado, se puso de dos patas, lanzó un rugido ensordecedor, y pidiéndole perdón al Cielo se lanzó contra el líder de los negros quitándole el taparrabo de mamá tigre de un solo golpe para huir con él al interior de la selva.
Después de comer carne humana, los animales se arremolinaron con los tres nuevos reyes de la Tierra, y es así como para quitarse el aliento a hombre, tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal, en un trigal tragaban trigo tres tristes tigres.
Erika López Rodríguez.
Escritora.
Todos los derechos reservados.
Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso de la autora en cualquier medio fotomecánico y de red, ya sea dentro de México o fuera de dicho país.
Para comentarios o aclaraciones favor de referirse al correo electrónico erinlorod@yahoo.com. Su opinión es muy importante.
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